No es sacerdote y tampoco lo necesita. La ley del amor y la solidaridad hay que buscarlas dentro de su enorme corazón. Es el Padre Patera porque así lo quiso el periodista Julio César Iglesias y es Isidoro Macías porque así lo parió su madre. Ejemplo para todos aboga por una Iglesia viva “porque una fe sin vida es una fe muerta”.
Así lo manifestó el Hermano Isidoro Macías, franciscano de la Cruz Blanca, en el transcurso del acto de presentación del libro de Susana Herrera, Padre Patera, un corazón sin frontera, al que asistieron los Hermanos Mayores de las Hermandades del Dulce Nombre y de la Humildad y el alcalde de nuestra localidad Juan Antonio Zambrano, quienes compartieron mesa con los protagonistas y con la presidenta del Grupo de Trasplantados Marchena-Paradas-Arahal, Ana Castillo, representante de la organización.
Fue un acto preñado de emoción, como no podía ser de otra manera, y en varios momentos esas ‘lágrimas de vida’ de las que habla Susana en el libro dedicado a su hijo, se hicieron más presentes que nunca en los ojos de muchos de los asistentes.
Cuando al Padre Patera le proponen editar un libro sobre su vida, él lo tiene claro, “o Susana o nadie”. Cinco años más tarde ve la luz esta obra que para la autora fue “un halago, pero a su vez todo un reto porque para mí el Padre Patera es un personaje inabarcable, imposible de meter en las páginas de un libro”. Para Susana Herrera, presentadora del programa Testigos Hoy de Canal Sur TV, “el Padre Patera, del que me sedujo su tratamiento del dolor, es el instrumento que utilizo para poder decir que este mundo puede ser más habitable a través de la solidaridad; ha sido una bendición conocerle porque me ha ayudado ver la vida de color esperanza”.
Saludaba Isidoro Macías a los presentes dando “las gracias al Padre Dios y a mi madre, de los que aprendí a servir a los demás y a amar”.
Al encontrarse en la sede de la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús y ante muchos cofrades no quiso dejar pasar la oportunidad de dirigirse a ellos para que no sientan vergüenza de su condición de cristiano y cofrades y les instó a vivir el Evangelio “porque una fe sin obras es una fe muerta”, para proseguir “no quiero escandalizar, pero si una persona dona unos pendientes a la Virgen, debemos rechazarlos y dedicar su valor a los que más lo necesiten”.
Su charla estuvo salpicada de vivencias y de anécdotas, desde asistencias a partos complicados hasta su presencia en Institutos de Secundaria llevando siempre como bandera el amor y la solidaridad. Se enorgullece cuando relata cómo una carta llegó a su poder cuando en el sobre sólo ponía “Padre Patera. Algeciras. Cádiz”, pero más aún cuando dentro estaba escrito: “Padre, rezo por usted”.
Se mostró muy contento de estar en Marchena y agradecido por las donaciones del Grupo de trasplantados y de las Hermandades en forma de ropa, calzado y alimentos que llevará para su casa de Algeciras, para aliviar a sus "Cristos vivientes".
Ana Castillo, presidenta del Grupo de Trasplantados le cedió la palabra al alcalde Juan Antonio Zambrano que le pidió al Padre Patera que “no cambies, sigue siempre siendo tú, con esa ilusión y esas ganas de trabajar por los demás” y prosiguió “Susana no te ha hecho ningún favor con este libro, porque eso te obliga a seguir con tu magnífica tarea”. También aprovechó para dar una primicia y comunicar al Grupo de Trasplantados que el próximo 28 de febrero serán galardonados dentro de los premios Marcheneros del año, en el apartado de asociacionismo.
La segunda parte del acto estuvo dedicada al libro Lágrimas de vida, que Susana Herrera dedicó a su bebé de siete meses cuando su vida se apagó para alumbrar a otras muchas. No sólo de “los tres niños que hoy pueden celebrar su cumpleaños”, como decía Ana Castillo, sino también la de sus familiares y de su propia mamá, porque como ella misma dice descartó “morir con él para nacer de nuevo”.
Susana Herrera pensó en un principio titular su testimonio Cariñoterapia, “pero al releerlo me di cuenta que aparecían muchas veces las palabras lágrimas y vida, y cambié de opinión”.
El día que le comunican la muerte cerebral de José Andrés, no dudó un momento en donar sus órganos. Su entonces jefe, el célebre Padre Javierre le dice que espere, que existen los milagros, a lo que Susana contesta: “milagro será que este niño se vaya dando vida y esta madre vuelva a nacer” y prosigue “sentí una paz interior tan grande que no lo podría explicar con palabras”. A pesar de la coraza con la que Susana intentó protegerse durante todo el acto, fue un momento tan emotivo y tan intenso que las manos de la autora y de la presentadora se buscaban para darse fuerzas con las que poder seguir.
Y tanto que siguió. Y siguió para decir que durante mucho tiempo la Iglesia ha hecho mucho daño en el tema de las donaciones, aunque afortunadamente eso cambió y “ahora hay muchos obispos y sacerdotes con sus carnés de donantes”.
Finalizó su intervención con un deseo: “Ojalá todo dolor nos ayude a crecer y a decir sí a la vida a pesar de todo”.
Y llena de vida y cargada de verdad fue la actuación de Carmen Raigada Melu, cantautora sevillana que interpretó su preciosa canción Lágrimas de vida basada en la obra de Susana Herrera.
Emulando al gran Gila dijo que “nací cuando mi madre se fue a comprar el pan y cuando volvió, me encontró escribiendo la carta a los Reyes Magos en la que le pedía una guitarra, aunque no llegó hasta los tres años”. Toda una vida, por tanto, dedicada a la música, en la que formó parte del grupo Piel Morena junto con El Arrebato, más tarde se incorporó a Luna Clara y finalmente optó por seguir su carrera en solitario.
Tiene dos discos en el mercado y “pronto saldrá el tercero, del que donaré el treinta por ciento de los beneficios a las asociaciones de donantes y trasplantados”. Magnífica, aunque breve su actuación. Tiene Melu una voz prodigiosa, dulce y envolvente que cautiva desde el primer quejío.
Con mis manos voy a hacer una casita
para llevarte hasta las nubes y ser tu guía,
que no te quiero ver llorar lágrimas de vida.
También pudimos disfrutar de otra canción “Un paseo por las nubes” que dedicó a una indigente que la invitó a merendar un día que paseaba por el Retiro de Madrid.
Lleva una gorra ya roída
y unas gafas sin cristal
y en un banco hecha su casa
con recortes de humildad.
Y la vida siguió… ahora pintada más de verde que nunca gracias al testimonio que sobrevoló la casa del Dulce Nombre de Jesús.




















