
El grupo de voluntarios de la acción caritativa y social de la Iglesia Católica en Marchena, Cáritas, atiende a una media de 75 familias en Marchena, fundamentalmente con el reparto de alimentos. Entre la satisfacción de la solidaridad de un pueblo "volcado" con aportaciones para ayudar a los más desfavorecidos y la preocupación por diagnosticar una situación de crisis "mucho mayor de la aparente" en nuestro pueblo, hablamos con el director del grupo de Voluntarios, el diácono José Antonio Lizana, de la actividad que desarrolla Cáritas en nuestra localidad y de la necesidad también que tienen las personas que sufren la crisis, de "ser escuchados".
Desde la sede de la capilla de San Lorenzo, en las dependencias adjuntas se acumulan kilos de alimentos aportados por los marcheneros, particulares y entidades que ayudan a que se repartan los alimentos entre personas que sufren necesidad y cuyos casos son estudiados conjuntamente por Cáritas en colaboración con los trabajadores sociales del Ayuntamiento de Marchena.
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En los carros de la compra llenos de alimentos que preparan para cada una de las familias, viene indicado su nombre, ingresos, número de miembros de la familia...todo previamente analizado para tratar de ser justos con las necesidades reales de cada cual.
Un grupo de 10-12 personas voluntarias trató y está consiguiendo desde hace 1 año reactivar Cáritas, ya de por sí existente en Marchena con la dirección espiritual de cada uno de los párrocos y a petición del de San Juan, Juan Ramón Gallardo, que propuso que se conformara este grupo formado por unas 12 personas "pertenecientes a las tres parroquias" recalca el director José Antonio Lizana.
La documentación correspondiente a la Seguridad Social, SAE, Asuntos Sociales del Ayuntamiento en colaboración con Cáritas, organiza la ayuda "en función de las necesidades", señala.
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Y por encima de todo, una realidad que no deja de preocupar por mucho que se convierta en cada vez más frecuente: "Es tremendo, pero a veces hay casos que conmueven, cada vez hay más familias con 0 euros de ingresos", manifiesta José Antonio Lizana, que explica que la labor de Cáritas en Marchena va más allá de los repartos de alimentos para "unas 75 familias al mes", tanto sin ingresos como también con escasos ingresos y siempre en función de unos baremos establecidos entre número de personas en la familia e ingresos totales.

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"Nosotros tratamos de darles una orientación profesional, poner en contacto a las personas que vienen con gente que le puede dar empleo", ya que la necesidad más urgente para estas personas es lograr el ansiado trabajo que les falta, aunque también otra de las vertientes, ya sea por los prejuicios sociales existentes o por rubor personal, es "hacer ver a quienes lo necesiten que pueden venir a solicitar nuestra ayuda".
La realidad de la crisis y situaciones de verdadera necesidad que se dan es que "muchas personas ni se imaginaban llegar a esta situación", comenta Lizana, que insiste en que "la cara de la crisis no es solo la más visible tradicionalmente, hay muchas personas que aparentemente las ves y no te imaginas la situación en la que están".

Las personas que solicitan la ayuda de Cáritas en Marchena suelen ser frecuentemente "jóvenes de entre 25 y 40 años, con niños y parados, e incluso no pocos de ellos con una sólida formación profesional, que han sido y son buenos electricistas, pintores, el sector de la construcción ha arrastrado todo", comenta José Antonio Lizana haciéndonos ver que muchas de estas familias tienen pendientes hipotecas o viven de alquiler.
Además, muchas de estas personas integradas en el perfil anteriormente indicado "viven en muchas ocasiones de las pensiones de los padres, de los suegros, de todo el que le puede ayudar" y que ello repercute en que tengan que realizar "sacrificios" a la hora de realizar vida social, ya que "hay gente que se queda sin salir a la Feria" u otras que prefieren que en lugar de dinero le regalen alimentos en determinadas celebraciones o fechas especiales.
Más allá de las situaciones de necesidad múltiples de contar, el grupo de Voluntarios organiza toda esta actividad durante reuniones varias veces al mes en San Lorenzo, donde planifican recibir a personas "asegurando siempre su intimidad" para poder ayudarle mediante el reparto de alimentos , orientación laboral e incluso muchas veces acuden "buscando que se les escuche, verdaderamente lo necesitan", manifiesta Lizana.

El diácono y director del grupo de Voluntarios, recalca que "nosotros buscamos dignificar a las personas, y también en este sentido tenemos que decir que hay personas muy honradas, que si les sale un trabajo dejan de venir a pedir ayuda, pero también es muy gratificante que nos vean como unos amigos y se vayan creando vínculos de amistad con nosotros", pues "Cáritas es el brazo social de la Iglesia Católica, la caridad ha sido siempre fundamental para la Iglesia y desde su nacimiento, la figura del diácono siempre ha realizado esa función, ayudar a los más necesitados".
En este sentido, Lizana destaca que Cáritas, no por ser católica, discrimina a nadie: "Atendemos a gente de otras nacionalidades, ortodoxos, musulmanes, sin hacer distinción, es más, incluso nos involucramos mucho porque ellos se sienten lejos de su tierra, en un país que les es lejano y extraño a veces", por lo que Cáritas "siempre está abierta a buscar soluciones y ayuda al que más lo necesite".
Por último, sobre su propio grupo de Voluntarios, José Antonio Lizana valora "la experiencia y la serenidad" que transmiten estas personas, de una media de unos 55-60 años de edad, a las personas que acuden a Cáritas y agradece "las muchísimas aportaciones de particulares, nos llueven las donaciones desde gente sencilla y trabajadora, hasta entidades financieras, hermandades, el Banco de Alimentos de Sevilla, la colecta dominical, les queremos agradecer a todos su colaboración", concluye.




















