
Los feriantes de la caseta de El Manchón sorprendieron a propios y extraños en la tarde de ayer con una actuación por chirigotas con extravagantes disfraces, haciendo las veces de Los Juancojones. No estuvo esta representación ni mucho menos reñida con las actuaciones flamencas desde las sevillanas José María, Adolfo, Pepe Aguilar, Manolo Benítez o Rocío Sevillano, hasta el toque jazzístico de la familia Carmona al completo, o las sevilanas bolero de Antonio Mérida y Carlos Rosa.
Con el cuplé “En el vientresito de mi omaíta”, se presentaban a escena después de una cuidada preparación entre las risas del público, provocadas por los sombreros en los que llevaban desde barajas de cartas, a latas de cerveza, pasando por pegatinas, baratijas y muñequitos.



Estos intencionadamente desaliñados componentes de la chirigota, amantes del Carnaval de Cádiz que luce hasta en los colores azules y amarillos de las cortinas de la caseta de El Manchón, se prepararon concienzudamente la indumentaria hasta su entrada triunfal en el interior de la caseta, ovacionados por un público que esperaba ansiosamente la que la última actuación y bendecidos por las altas esferas de la Iglesia, con lo cual nada podía fallar.



Cada uno con su estilo, todos juntos, y Leonardo con sus extravagantes gafas de culo de botella, vagabundearon por la caseta como “Juancojones” interpretando las diferentes salidas y entradas de “ese chaval que cogió mucha confianza” y que a veces cuando llovía “entraba con chubasquero” durante los nueve meses que estuvieron en el vientre de su madre, previa interpretación de la presentación con "un, dos tres, un pasito pa alante coj...." adaptando así la letra que Ricky Martin hizo a los pasos de María.




Por cierto que esta chirigota obtuvo premio en uno de los últimos carnavales de la década de los 90, y aún pervive en la memoria de buenos aficionados como los marcheneros del Manchón que ayer pusieron esta simpática nota como colofón al final de la fiesta de jueves de Feria que ellos mismos se guisaron y se comieron.






Los aires de Cádiz vinieron desde una de las primeras sevillanas de la tarde del grupo Gadita, compuesto por Pepe Aguilar, Manolo Benítez, Adolfo y Leonardo, que interpretaron una bellísima propuesta para himno del centenario del Cádiz que ha hecho Javier Ruibal, remontándose con gracia y salero a los tiempos del Imperio romano de Tiberio para buscar los orígenes del fútbol en la Tacita de Plata: “Nos gusta Cádiz con todas sus consecuencias”, había prologado Pepe Aguilar.



Anteriormente, el propio Adolfo y José María, acompañados por las guitarras, habían abierto la fiesta con cante por sevillanas entrañables, de letras de amores y desamores, con el encanto de la del Cachorro y la sensibilidad de la sevillana “Callejón del Olvido”, que puso los bellos de punta al personal, mientras varias parejas de baile se animaban a bailar sevillanas.


Mantienen la compenetración desde que hace casi 40 años comenzaran a cantar juntos en un joven grupo de sevillanas en Marchena tanto José María como Adolfo, voces finas del garganteo del cante flamenco en nuestra localidad, que gustó de lo lindo en El Manchón.




José María tuvo palabras emotivas para dos personas especiales que nos han dejado para siempre, el que fuera presidente del club de Atletismo y amigo, Rafael Fernández, y una persona “con un encanto especial por la forma de entender la vida”, Rafael Perea Rayita, aprovechando para animar a que “la amistad hay que mantenerla todos los días del año, no sólo en la Feria”.
Después de la referida y genial actuación de Marta Ponce, cantó por sevillanas al estilo de siempre y llena de energía y garra Rocío Sevillano, que con su grupo conformado por Javier Carmona y Manuel Serralbo en las guitarras, siguió amenizando la tarde en El Manchón.


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El público seguía pasándoselo en grande, entre ellos el inglés David, que lleva cuatro años residiendo en Marchena tranquilamente en el campo y que con gestos de afirmación nos comentaba “Marchena muy bien, la Feria, muy bien, Inglaterra fuera”.


Le dejó el relevo a la Dinastía Carmona, encabezada por Javier junto a sus hijos Javier y Pablo, y también la pequeña Isabel, que dio el tono perfectamente derrochando una gran alegría y sabiendo acompañar a su familia cantando el estribillo de la sevillana. Parece que hay una tercera heredera de la música, como no podría resultar de otra manera.


La sevillana contó con la originalidad de ser propia, nueva, fresca, con una gran musicalidad y una riqueza en su calidad extraordinaria, compuesta por Javier Carmona con patente de corso y titulada “Ya no queda nada”.

El piano con acordes jazzísticos por momentos de Javier Carmona Bono, y el solo de cajón flamenco por Pablo, resultaron apoteósicos, mientras Javier Carmona cantaba la sevillana acompañado por su entusiasmadísima hija.

Finalmente, antes de la referida actuación carnavalera, hubo espacio para el relax y el sosiego con una sevillana-bolero tocada por el grupo de Antonio Mérida y Carlos Rosa, musicalmente preciosa y con un baile en el que dos jóvenes de la caseta demostraron elegancia en sintonía con este sonido rescatado de siglos atrás y que resultó un verdadero placer escuchar.

Siempre, además de divertirse y continuar la tradición, se aprende algo nuevo de la mano de gente culturalmente capacitada y valiente como con la que ayer pudimos compartir, perfectamente atendidos, un fenomenal Jueves de Feria desde el interior de su caseta, que va alcanzando solera con más de 20 años de historia y un futuro por delante aún mejor.
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