Inicio Entrevistas Francisco Fernández Fontanilla: “Me puedo haber equivocado cientos de veces, pero nunca he dejado de lado el compromiso humano con los alumnos, en lo que han necesitado, he estado a su disposición”

Francisco Fernández Fontanilla: “Me puedo haber equivocado cientos de veces, pero nunca he dejado de lado el compromiso humano con los alumnos, en lo que han necesitado, he estado a su disposición”

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Entrevista. El fin de curso nos deja la despedida de otro profesor insigne; Francisco Fernández Fontanilla. Curro o Paco, para los amigos.  Ha estado 20 años en el IES Isidro de Arcenegui después de ser un trotamundos en su particular “apostolado laico” por los barrios de Sevilla o Tenerife. Le llega la hora de su jubilación. Además de su defensa de una relación cercana y comprometida con los alumnos, "que lo quiera o no van a ser mis futuros ATS, auxiliares de clínica,mis futuros médicos", considera a su generación “corrupta” por haber permitido que tantas personas preparadas estén en paro, y critica un auge del “corporativismo” entre profesores que llega a ser “ridículo” en algunas ocasiones o los criterios "economicistas" implantados en la Educación, entre otros asuntos.

“Voz de Marchena”: Buenos días Paco, ¿qué nos puede contar de su dilatada experiencia profesional y también de su paso por la Primaria antes de llegar al IES, antes instituto de BUP y COU como era conocido? ¿Cómo ha evolucionado la enseñanza y la educación en todos estos años?

Francisco Fernández Fontanilla: La verdad es que antes de llegar al Isidro de Arcenegui, hice como yo le digo un “apostolado laico” por un sinfín de lugares, porque en mí, y en muchos compañeros de mi época, ha estado presente un compromiso social con la gente más necesitada, de hecho nosotros mismos solicitábamos destinos como las 3.000 en el caso de un compañero, o en el mío estuve en la Primaria en Torreblanca, en la barriada padre Ancheta en Tenerife, en el Polígono, en Arahal y luego en Ciudad Jardín en Marchena en el colegio de Nuestro Padre Jesús y lo cierto es que cuando llego al instituto, cambió radicalmente el entorno en el que me moví.

VM: ¿En qué percibió ese cambio tan radical?

FF: Por empezar de alguna manera, yo en un principio nunca quise ser maestro, siempre digo una frase que es que era un sastre al que el traje le venía largo, y cuando estudié Magisterio no nos dieron las armas suficientes para sacar adelante a un grupo de alumnos, y menos en barriadas como las que te he dicho, donde es complicado verdaderamente, o también en San Pablo y Amate (donde también trabajó), son sitios conflictivos, y hay que tener un dominio de la situación para saber cómo actuar.

VM: ¿Y cómo se actúa en estos casos?

FF: Ante todo, con mucha imaginación, hay que inventar las armas y tener constancia, pero al final funcionan si tratas desde el compromiso a los alumnos.

VM: Decías que llegas al IES Isidro de Arcenegui y todo cambia.

FF: Fue encontrarme con una realidad totalmente distinta, y también distinta a la realidad de cómo está el instituto hoy en día. Antes eran los mayores quienes le hacían unas gamberradas a los pequeños cuando entraban y pagaban la novatada, hoy en día la situación es más conflictiva, y son los más conflictivos los alumnos de 1º de ESO, lo cual sucede porque el modelo social ha cambiado, ha cambiado la educación, ya que ahora educan más la caja tonta de la televisión y la playstation y también los padres, hemos, entre los que me incluyo, hemos delegado parte de nuestra labor formativa. Antes, el que estudiaba era porque tenía mucho interés, era un prurito decir soy de BUP y no de FP que estaba más ligado al trabajo o al mercado laboral, ahora mismo es completamente distinto.

VM: Efectivamente, así parece.

FF: Es que es muy duro lo que te voy a decir, pero chavales de 2º de Bachillerato se van a encontrar con agravios comparativos legales, hacer 1º o 2º de Bachillerato supone un esfuerzo de estudiar 10 asignaturas por curso más una Prueba de Acceso a la Universidad, y en los ciclos de Grado Superior la Prueba la hacen sólo de dos asignaturas, y este año, que el año pasado no la había, además de que sólo tienen 5 asignaturas. Eso es una competencia desleal, porque no es  normal que el 80 por ciento de las plazas de las carreras más demandadas la obtengan alumnos de ciclos formativos. Esto forma parte de una crítica al sistema, que tiene culpa, como también la tiene el sistema social, la delegación de responsabilidades de los padres…porque yo sinceramente no pienso que de pronto haya nacido una generación espontánea de alumnos “torpes”.

VM: Al hilo de esto último, se observa un gran pesimismo de los profesores en cuanto al rendimiento de los alumnos.

FF: En cierta parte es normal cuando los profesores vemos en una sesión de evaluación que nuestro trabajo rinde tan poco, pero es que yo soy de los que pienso que la función fundamental de la educación no es evaluar, es enseñar, colaborar en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la manera más plena, y exige un compromiso más allá de lo que establezcan las leyes, un dominio pedagógico, no se puede llegar a establecer una cuestión de honor, las cuestiones de honor se dirimen entre iguales, y no somos iguales, la verdad es que a veces resultan estas cuestiones ridículas.

VM: Entiendo que es una autocrítica al profesorado.

FF: Así es. El concepto de auctoritas, de esa autoridad moral que te confieren los alumnos y que te reconocen por la confianza que tú le transmitas, hay casos de profesores que lo convierten en el concepto de potestas, de creerse en posesión de la razón con argumentos como “lo ha dicho el Inspector” o “lo ha dicho el director”. Por uno u otros motivos, yo puedo haber sido un mal profesor porque me habré equivocado cientos de veces, pero nunca he dejado de lado el compromiso humano con el alumno, en lo que necesitaba he estado a su disposición y he intentado con todas mis fuerzas no fallarle, puedo decir que al menos tengo la conciencia tranquila.

VM: Además de profesor, usted ha sido Jefe de Estudios también. ¿Qué nos puede contar de su experiencia en este cargo tan ajetreado normalmente?

FF: Verdaderamente el Jefe de Estudios es muchas veces el espadachín del director y tiene que pelearse con todo el mundo para dejarle libre de todas las problemáticas, pero yo he intentado siempre escuchar al alumnado. Curiosamente no he tenido muchos problemas con los padres, pero sí con mis compañeros, porque nunca he sido corporativista, renuncio tácitamente a serlo. Un alumno se puede equivocar y tener un problema porque haya cometido un error, como nosotros los profesores también cometemos muchos. Y si se ha equivocado, siempre me habrá tenido a su lado, eso sí salvo que haya sido un hecho cometido con mala intención.

VM: Entremos en su especialidad de Historia, de España y del Arte. ¿Cómo está hoy en día en el que las Humanidades vemos que han perdido un poco de protagonismo?

FF: Es que lo que ocurre es que se han creado unos compartimentos estancos donde los conocimientos les llegan a los alumnos sin estar relacionado un tema con otro, y es muy difícil estudiar sin incardinarlos, no hay una línea de tiempo que ayude a comprender los acontecimientos, y en todo eso tiene mucho que ver que los alumnos tengan que elegir entre Filosofía e Historia la optativa. Lo que han hecho las editoriales es reducir el temario en Historia de esta manera y en Filosofía estudiando los 4-5 autores principales, por lo que perdemos en conocimiento, ya que es una clara estrategia economicista. Mientras tanto, tengo que explicar el inicio del liberalismo, la guerra de la Independencia y la Constitución de 1812 aislados y les insisto en que los alumnos deben hacer un ejercicio de hilar en la redacción. Con esto tengo una anécdota muy simpática, y es que de tanto repetirlo, me regalaron una especie de invitación que ponía “de mayor quiero ser costurero”.

VM: ¿Ha habido una relación cordial por lo general con los alumnos?

FF: La verdad es que sí y me agrada mucho, además porque así se saca más producto y rendimiento que cuando se mantienen las distancias. Ellos saben perfectamente cuándo les hablas en serio, pero yo me tomo la enseñanza con afecto sincero hacia ellos porque mis alumnos van a ser mis médicos, mis ATS, mis auxiliares de clínica, lo quiera yo o no lo quiera.

VM: Sin embargo están vistos como la generación Nini, como una pandilla de vagos, esa es la idea instalada en la sociedad.

FF: Pero los responsables somos nosotros, nuestra generación, que sí, que trajimos la democracia, pero no se ha instalado verdaderamente en el modelo de sociedad que tenemos porque esa generación fue genéricamente, una generación corrupta que ha hecho que muchos alumnos muy bien preparados, muchos jóvenes con enorme capacidad para trabajar y ser creativos, estén en paro, y creo que esto, tarde o temprano, no se va a seguir permitiendo y los propios jóvenes de ahora acabarán con esto y serán capaces de romper esta historia de una vez. Si en el Norte de África, con un bajo nivel de preparación, la juventud está reaccionando, aquí en la vieja Europa este sistema y orden de las cosas tendrá que caer y los jóvenes vais a ser los protagonistas. Lo de Nini le interesa al sistema, eso no es verdad, lo que pasa que no interesa hablar de cuándo de verdad va a haber un pacto educativo serio y honesto entre las dos principales fuerzas políticas para que los alumnos tengan una mejor base educativa, porque no es posible que se llegue a 2º de ESO sin que muchos alumnos sepan leer ni escribir, aunque ellos no son los principales culpables.

VM: Finalmente, como balance en cuanto a su relación con el profesorado y el ambiente que se respira en el Claustro, ¿qué nos puede decir tanto de su trayectoria como de su visión de hoy en día?

FF: Mi relación personal con los profesores es discreta, generalmente ha sido así. Soy una persona atípica, y quizá por ese compromiso con los alumnos o por actuar conforme a mis criterios y decir las cosas cuando las haya tenido que decir, me han puesto etiqueta, pero a mí las etiquetas me importan muy poco ni nunca me han importado. Tengo eso sí muy buenos amigos, muy pocos, pero muy buenos. También entiendo que hoy en día hay una movilidad muy grande de interinos, de profesores que apenas están un año en un sitio, y eso dificulta ese compromiso que se nos exigía antes de cuando trabajábamos en un sitio, estar en ese lugar, conocer el ambiente social, lo que te daba mayor manejabilidad y habilidades pedagógicas para esta profesión.

VM: ¿Afecta por tanto esa movilidad a la dinámica de actuaciones del profesorado?

FF: En cierta parte sí, pero principalmente es que estamos sometidos a unos criterios de división economicista de los grupos de alumnos según las ratios, y en muchas ocasiones la Inspección no atiende a escuchar las necesidades, porque un año hacen falta unas determinadas clases para un aspecto académico o para otros. No puede ser todo una división matemática, hay que mirar la composición de los grupos de alumnos y estudiar bien sus características, no simplemente asignar por ley y mandar a delegados que lo único que le dicen al Claustro es “esto lo ha dicho la Inspección”. Creo necesario sin duda alguna en este centro una mayor fluidez de la comunicación de la Inspección con el Claustro, porque en dos años no ha habido el suficiente diálogo cara a cara entre profesores e Inspección para entender los problemas que presenta cada día la educación.

V.M: Muchas gracias Paco por tu disposición y suerte en esta nueva etapa de tu vida.

F.F: Muchas gracias a ustedes.


 

Actualizado ( Viernes, 01 de Julio de 2011 12:27 )  
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