Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, el próximo 8 de marzo, hemos querido conversar con Aurelia Cubillo. Departir con ella ha sido un placer, sobre todo si lo hacemos paseando por el barrio de San Juan, por sus monumentos, sus calles llenas de historia… o tomando un café en Los Jardines de Isidro Arcenegui, aprovechando las caricias de sol que nos ofrece la tarde de anticipada primavera.
Aurelia Cubillo Pérez nació en Baena, localidad de la campiña cordobesa, a la que aún lleva en su corazón y en la que vivió hasta recalar en Marchena en el año 1.967, fecha en la que su padre ocupó la plaza de Secretario en nuestro Ayuntamiento.
No fue fácil dejar su tierra, atrás quedaban muchas vivencias, muchos recuerdos infantiles y juveniles, parte de su familia y una legión de amigos y amigas. Pero “Marchena me acogió con los brazos abiertos y al momento quedé prendida de sus encantos y de su gente”. Recuerda Aurelia que aún en el autobús que le traía a nuestro pueblo, conoció al primer marchenero “Antonio El Yoyo, una gran persona con el que luego he mantenido una extraordinaria amistad”.
Ya en la parada del autobús la esperaban D. José Calderón, cronista de la Villa y Pepe Montero, a los que previamente había conocido su padre “ y lo primero que hacen es presentarme al Dulce Nombre en la Iglesia de San Sebastián”. Se confiesa Aurelia una enamorada de las tradiciones y sobre todo de la Semana Santa, algo que no era nuevo para ella pues en su Baena natal está catalogada de interés turístico nacional. Nos comenta que actualmente es hermana del Dulce Nombre y de la Soledad y que le gustaría que “algún día el pregón lo hiciera una mujer”.
Tan rápida fue su adaptación, que ya a los pocos meses protagonizaría una obra de teatro dirigida por Rosarito Díaz y en la que intervenían entre otros además de su amigo Yoyo, Ana Pérez, Pilar Carmona, Antonio Valderrama, Cristóbal Márquez y Manolo Cortés.
Y desde aquel lejano 1967, Aurelia no ha parado. Ha sido pregonera de nuestra feria, presidenta de las Ampa de Juan XXIII y de Isidro Arcenegui, fundadora junto con Carmen Llanes y Concha Carmona de la Asociación La Muralla, de cuyo coro rociero es la directora, así como de Revive la Feria, miembro de la Coral de Pepe Martos, directora de programas en la radio y en la televisión local, profesora de hostelería durante la Expo 92, plaza ganada en dura competencia con reconocidos profesionales del sector …Como dice Paco Cañete en una poesía que le dedicó “sólo me falta ser Verónica”.
Recuerda sus primeros pasos en el baile por sevillanas, que “aprendí de Pedro Lucas, un artista extraordinario, en los salones del antiguo Círculo Cultural junto a amigas inolvidables”.
Como inolvidables para ella son los típicos guateques que organizaba en su domicilio, entonces en la calle Santo Domingo y recuerda “cómo me miraban como a un bicho raro cuando tenía el atrevimiento de entrar en casa Cañete o tomar una cerveza en el Pololo o en el bar de Nicolás”. Afirma, en ese sentido, que “Baena iba por delante de Marchena”.
Como quiera que en su casa se aburría, esta mujer, que quiso ser veterinaria, pero que finalmente a punto estuvo de terminar Magisterio, se entretenía ayudando a su padre en las tareas administrativas en el propio Ayuntamiento. Y allí estaba Mariano Torres Valois, el depositario, quien hizo el mejor depósito de su vida entregándose a los encantos de aquella mujer de mirada penetrante y de desbordante simpatía, con la que contrajo matrimonio en 1970. Y vinieron los hijos: Mariano, hoy residente en el Puerto de Santa María donde ejerce la docencia; Natalia, vendedora de la ONCE que con su sempiterna sonrisa nos ofrece el cupón de cada día en la calle San Pedro; Manolo y Teresa.
Pero no todo han sido rosas en el camino, también la vida ha golpeado en varias ocasiones a esta mujer de aspecto menudo pero con encaje de un peso pesado, que sabe afrontar los reveses con el optimismo por bandera.
Sirva de ejemplo esta ilustradora anécdota: “Estando ingresada en el Pabellón Vasco, le dije al oncólogo que en lugar de firmarme recetas, me firmara un cheque para irme a La Dorada a tomarme una cervecita”.
Allí hizo amistad con el personal sanitario, pero también con los camareros, limpiadoras, guardacoches…hasta el punto de “ser pregonera de la Semana Santa en el propio Pabellón Vasco, honor que he podido compartir con ilustres como Juan Bustos, Ignacio Montaño o el padre Leonardo Castillo”.
Durante muchos años después, Aurelia acudió fielmente con el coro de La Muralla tanto al Pabellón Vasco como al Hospital Infantil a llevarles su contagiosa alegría a los pacientes de tan terrible enfermedad. Quiere recalcar que “el autobús para el desplazamiento era subvencionado por el Ayuntamiento, siendo alcalde Manuel R. Moraza y más tarde Luis Jiménez Gavira”.
Pero más duro fue la repentina ceguera de su hija Natalia. Nos comenta Aurelia que todo comenzó un día de Reyes y que tras un largo periplo de una a otra consulta, incluida la del célebre doctor Barraquer, llegó el temido diagnóstico: degeneración macular, una distorsión de la visión central generalmente relacionada con el envejecimiento. Hoy gracias al apoyo de su madre Natalia es feliz en la ONCE, está a punto de terminar la carrera de Magisterio y es madre de dos preciosas criaturas, Candela y Claudia que hacen las delicias de su abuela.
Luchadora infatigable se define como “una mujer de izquierdas, porque siempre estoy al lado del más necesitado y me siento orgullosa de que mis cuatro hijos también lo sean. He procurado arrimarme siempre a las personas que me han aportado algo y a las que he podido ofrecer lo mejor de mí” y recuerda su amistad con El Cirilo, todo un personaje de Semana Santa, que marcaba el paso al compás de las cornetas, acompañado con el balanceo de su búcaro o el chirriar del carrito de los cirios: “fue mi amigo, muchas veces le invitaba a café, e incluso le escribí una poesía en la que le decía que podía ser de todo, nazareno, músico, contraguía, capataz, prioste o hasta Hermano Mayor, era sin duda un personaje entrañable “.
La vitalidad de Aurelia no tiene límites y lo mismo le compone unas sevillanas, Bendita sea tu pureza, a la Virgen del Rosario y se la canta en la calle Cruz, ante la mirada sorprendente del público y el beso lanzado al aire del padre Antonio; que canta cualquier género acompañada de la Banda Castillo de la Mota.
Pero su producción artística no queda ahí: “Ahora quiero pintar todas las espadañas de Marchena, porque la pintura es otra de mis aficiones y lo plasmo en lienzos dedicados a los monumentos de Marchena, marinas, bodegones y hasta a mi perro Gato, que me salió bordado”.
Aurelia no se olvida de sus orígenes y como también le gusta escribir nos cuenta que tiene en proyecto “escribir unos Apuntes sobre los trágicos sucesos acaecidos en Baena durante la Guerra Civil, y narrar las atrocidades cometidas por uno y otro bando y que mi familia sufrió en sus propias carnes”.
En cuanto a la igualdad entre hombres y mujeres afirma que se ha avanzado mucho, pero que todavía hay que seguir luchando para conseguir la igualdad plena. Se muestra a favor del divorcio, “si las cosas no funcionan,. para qué mantenerlas artificialmente” y coquetea asegurando que han sido “varios los pretendientes que me han tirado los tejos, pero Mariano ha sido el amor de mi vida, mi marido, mi compañero, mi complemento y un padre ejemplar”.
Cante, baile, pintura, poesía... Aurelia en estado puro. Artista como la copa de un pino, pequeña y grande, muy grande, con un corazón hecho cachitos de tanto darse a los demás, conversadora única, vivaracha y locuaz; si fuera muda también hablaría, porque sus frases se mecen al compás de su mirada y salen de sus entrañas, unas entrañas preñadas de bondad y de marchenerismo o como diría Ignacio Camacho de “indeclinable marcheneridad”.



















