Cultura

Intersantísima disertación del director de la Escuela de Saetas de Marchena, Roberto Narváez, que proclamó una Exaltación de esta tradición oral y religiosa extendida por el pueblo de Marchena desde hace 400 años y que ha manifestado desde el más íntimo sentimiento religioso hasta la queja cantada de situaciones sociales de auténtica penuria, como en el caso de las famosas carceleras, todo ello pasando por la seña de identidad flamenca de la saeta más moderna. Desarrolló peculiaridades y anécdotas de todo tipo de saetas, cantadas por los alumnos marcheneros. Posteriormente, la banda Soria 9, del que fuera a lo largo de los siglos Regimiento de Infantería con este nombre y muy vinculada con Sevilla, fue homenajeada por su aportación fundamental a la música cofrade.


 Antonio Jesús Fernández presentó a la escuela de Saetas de nuestra localidad, fundada en 1986 para divulgar este arte autóctono de Marchena y propiamente mantenerlo y evitar su extinción, objetivo que se ha logrado a lo largo del tiempo de la mano de Roberto Narváez, su director y una eminencia en el estudio y divulgación de la saeta, habiendo sido también éste Pregonero de Semana Santa de Marchena, jurado de importantes premios de saeta a nivel nacional y habiendo llevado el nombre de Marchena y su saeta por todos los rincones de España y varios puntos del extranjero, entre ellos con especial significación en el festival de músicas religiosas meditarráneas de Italia por tres veces, aparte de haber grabado disco con la tradición saetera puesta de relieve.

Toda esta trayectoria le ha valido a la Escuela diversos reconocimientos como el del Ateneo de Sevilla u otro que fue famoso en su día en la televisión autonómica, por la defensa del patrimonio cultural e histórico y la divulgación de la religiosidad popular, motivos por los que anoche se hizo acreedora la escuela de la estatuilla del Congreso Nacional Cofrade, que de esta forma homenajeó a esta institución marchenera.

"Las cumbres se estremecieron...saeta sin melodía, así la cantó Pepe Marchena", y Roberto Narváez alzó su voz y cantó. Así comenzó la Exaltación del director de la Escuela de Saetas Señor de la Humildad de Marchena, adelantando que las saetas no fueron la expresión exagerada de exclamación pública con la que hoy en día se suele conocer, sino que las hubo antiguas y primitivas que surgieron como "apoyo a la labor evangelizadora" de órdenes de dominicos, capuchinos...y especialmente de franciscanos, que proliferaron en los siglos XVI y XVII en nuestra localidad y que con el fin de "convencer a los pecadores de efectuar confesión y llevar una vida ordenada" cantaban saetas de "fuerte impacto moral" con mensajes como "quien perdona a sus enemigos, amigo de Dios acaba" o "¡cómo se piensa salvar quien no quiere confesar!" de forma que la misión de conversión de ateos era otra de las pautas de estas órdenes. Fue de tal efecto el sonido de esos cantos de evangelización llamados saetas que se llegaron a denominar "saetas penetrantes", explicó Narváez.

Bajo la humilde teoría de que la saeta nace por la necesidad imperiosa del cofrade de hablar con sus sagradas imágenes, la ubicación de la saeta de Semana Santa se encontraría inicialmente en la parte final del siglo XVII, manifestó Narváez, que las dividió en narrativas, explicativas y afectivas y aseguró que saetas de esa época se mantienen en varios pueblos de Córdoba y Sevilla como Castro del Río, Priego, Montalbán, Cabra, Baena y Puente Genil y en otros de Sevilla como Arahal, Paradas, Puebla de Cazalla y Villaverde del Río, siendo especialmente "Marchena por derecho propio, el centro saetero más importante", arraigado en una sensibilidad artística, cultural y poética propia de la Villa y existiendo 10 estilos de saetas marcheneras que se conservan en la actualidad, más algunos que se perdieron por el camino.

Primero comenzaron a cantarlas los hermanucos, aquellos primeros hermanos de las cofradías marcheneras, y posteriormente se extendería su canto por el pueblo, con formación musical árabe, judea, morisca y gregoriana y comenzando el repaso por las quintas y sextas del Cristo de San Pedro que cantan la Pasión y Muerte del Señor, de cinco y seis versos respectivamentes y que es un canto llano recitado, siendo la modalidad más antigua que se conserva en España y concluyendo el público exclamando el nombre del titular en lugar del aplauso, tradición que se mantiene vigente en esta y otras muchas hermandades de Marchena y con la particularidad de la sexta de contener seis versos de pie quebrado que recuerdan a las ancestrales coplas de Jorge Manrique, en su composición.

Daniel Casado y Antonio Ojeda interpretarían estas saetas, tras los cuales Conchi Pérez alzaría su voz para cantar una cuarta de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que surgió de principio a mediados del siglo XVII y que cuentan con una bella historia en cuanto a sus orígenes, ya que nacieron de modo que los nazarenos cantaban a cada uno de los cuadros que portaban (se siguen portando además en la actualidad) que reflejan la Pasión al completo. Cuartas que "en toda su pureza se mantienen intactas y nos transportan a la música medieval", señaló el director de la Escuela de Saetas Señor de la Humildad.

Cuartas que también se reflejan con parecida entonación en el Dulce Nombre de Jesús respecto a las primeras apariciones del Niño, y también en la hermandad de la Humildad, conformándose aquí como una saeta explicativa del momento de la Pasión en el que el señor atado de manos espera sentado en el Peñasco antes de ser crucificado y con la particularidad en la composición de que se repite el tercer de los cuatro versos convirtiéndose al final en saeta de cinco versos. Apareció esta nueva cuarta poco después de la fundación de la Hermandad de la Humildad y la Virgen de los Dolores, ya entrado el siglo XIX y es más elaborado melódicamente. Antonio Jesús Lebrón y Pepa Romero, respectivamente, cantaron estas saetas.

A mediados del siglo XIX, y con influencia de las marcheneras, nace la saeta vieja de Paradas, algo más elaborada con cinco versos y no perteneciente a ninguna hermandad en particular, y con más margen de subjetividad creativa, aparecieron en ese mismo siglo saetas de cinco versos cantadas por el pueblo llano en demostración de su afecto, demostración de cariño y sentimiento hacia las imágenes del Santo Entierro y la Soledad, las carceleras.

José Carmona interpretó la carcelera propiamente dicha en la que el preso transmitía su situación social y penurias en el dolor de las letras, "tú eres madre de los pobres, soleá y es tu nombre sola...", para posteriormente la saeta moleera reflejar ese emblemático final de recorrido en su vuelta a Santa María con los marcheneros arremolinados en torno a la Virgen y acabando el Sábado Santo "molidos", otra de las tradiciones que aún se conserva y que en forma de saeta expresaba el desconsuelo y dolor de la Virgen, al igual que la saeta cernicalera, derivación de la anterior y enriquecida musicalmente con nuevas melodías. Conchi Pérez y Araceli Jiménez cantaron estas últimas.

Y poco a poco se fue llegando a la historia reciente de la saeta marchenera propiamente dicha surgida a final del siglo XIX en derivación de las carceleras en una de sus tipologías y más aflamencá con influencias del martinete en otra. Antonio Ojeda y Antonio Jesús Lebrón las pusieron de manifiesto.

La saeta aflamencá en sí nacería ya en finales del XIX y principios del XX continuando esa tradición de diálogo del pueblo con lo divino y en consonancia con el auge del cante flamenco, datando una de las primeras grabaciones por parte del cantaor El Mochuelo y evolucionando a saetas aflamencás nuevas marcheneras, por tonás, por martinetes, por deblas y por seguriyas, expandiéndose esta última de forma muy especial. Juan José García y Pepa Flores cantaron algunas de estas últimas saetas.

Finalmente, Roberto Narváez concluyó que con esta muestra quedaba reflejado el repaso histórico y la "palpitante realidad de la saeta, verdadera artífice de la tradición oral y religiosa, ¡que no se pierda ni muera!" exclamó, para que así se siga produciendo ese diálogo "vital" para el ser humano y perviviendo una Semana Santa que "no se puede concebir sin saeta como la fragua tampoco sin fuego o los ríos sin agua".

"El saetero haya múltiples formas para proclamar su sentimiento religioso; confesión, súplica, plegaria o simple deseo de manifestación ante Dios, también como queja de las calamidades sociales del lugar y del momento" añadió Narváez, que señaló que "la búsqueda de la gracia de Dios no está solo en no caer, sino en saber levantarse cada vez que se cae".

Sintiendo a la escuela que dirige como una escuela de "misioneros de la saeta por gracia de Dios", evocó unas palabras de San Agustín para finalizar su exaltación: "El que canta bien a Dios, reza dos veces". Posteriormente recibiría la estatuilla del Congreso en homenaje a su trayectoria.

Homenaje a la banda de música del Regimiento de Infantería Soria número 9.

La banda de música militar, vinculada muy especialmente a la música cofrade y a la ciudad de Sevilla, fue homenajeada en el Congreso Nacional Cofrade en la noche de ayer poniéndose así el epílogo a la noche del sábado.

"Legionario de la Gloria, fue siempre Soria en campaña. Juramos seguir tu historia al Grito de Viva España". Con estas palabras referentes al inicio del himno del Regimiento, comenzó su intervención el presentador Gonzalo Lozano, que realizó un recorrido muy detallado por los distintos cambios de nomenclatura y sedes de este Regimiento militar que pasa por ser el más antiguo de Europa y que nació en Nápoles siendo nominado Tercio de Zamudio, en honor a su primer oficial al mando, Pedro de Zamudio y participando en guerras contra los protestantes, para consolidarse a partir de 1537 como tercio y ya a principio de siglo XVIII pasarse a llamar Soria (número 3) al destinarse a la ciudad castellana de dicho nombre y alcanzar ya en 1833 la denominación con número 9.

El Regimiento, tras estar destinado en varios puntos de España, sobre todo en Cataluña a mediados del siglo XIX durante varias décadas permanecerá en Sevilla desde 1876 a 1995, fecha de su disolución, en 119 años en los que ha estado muy involucrado en la música del Corpus, Semana Santa habiéndole tocado a un sinfín de hermandades y distintas festividades de la capital sevillana.

Y así con ese nombre de Soria 9 siguió siendo conocida la banda siempre, a pesar de cambios de denominación según la organización militar, y por ella pasaron desde final de siglo XIX hasta las épocas más recientes un gran número de señeros directores musicales, entre otros Carlos Pintado, el primero en 1861, y posteriormente algunos célebres nombres han sido José Font, Manuel Gómez Farfán, Juan Vicente Mas, Gámez Laserna, Pedro Morales o Abel Moreno, así hasta 1996 cuando el Regimiento se desplazó a Fuerteventura.

En representación de este Regimiento militar estuvieron presentes el Cabo Mayor, José Miguel Alonso, el subteniente Agustín Llavata, el Suboficial Mayor, Sígfrido Ussina y el Teniente Director, Manuel Bernal, quien tomó la palabra para manifestar que "es un honor" para ellos estar presentes y recoger este reconocimiento por parte del Congreso Nacional Cofrade por haber sido y agradeció el premio en nombre de "todos los que han sido y son componentes de esta mítica unidad musical que ha dedicado gran parte del tiempo de su música a la música cofrade".

Igualmente, desde la organización del Congreso Nacional Cofrade se les hizo entrega de la estatuilla conmemorativa en señal de homenaje.

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